Tufting: por qué la tela de base no puede ser cualquiera

Tufting: miles de hilos y ni un nudo. Lo que sostiene un tapete hecho con pistola es la tela de base. La pistola de tufting tiene una aguja hueca que empuja el hilo al otro lado de la tela y deja un lazo; si trae tijera, lo corta y quedan dos pelitos parados. Cada pedacito es una U sin nudo: mientras trabajas, solo la aprieta la tela. Por eso tiene que ser pesada y tejida pareja, y estar bien tensa en el bastidor (un golpecito debe sonar como un tambor): una tela débil se abre con la aguja y en las curvas se rompe. Al final, el pegante para tapetes llega hasta la raíz de cada hilo y encima va la tela de respaldo. La tela monje de algodón está en Textti; el enlace está en el perfil. Pide 15 cm más por lado para que el bastidor la agarre.

  • Monje · 183 cm · 290 g/m² · 100% algodón
Lo que se dice en el video

Lo que suena es una pistola de tufting dibujando un tapete. Cada golpe clava un pedacito de hilo: son miles, y ninguno lleva nudo. Ábrele el pelo con los dedos y abajo asoma una tela. Casi todos creen que es lo de menos, porque al final ni se ve. Pero de esa tela depende todo. Mira tres cosas: la pistola, la tela y lo que lleva detrás. Uno: la pistola. Su aguja es hueca y lleva el hilo adentro: entra en la tela, lo empuja al otro lado y se devuelve, dejando allá un lazo. Si trae tijera, corta cada lazo por la punta y quedan dos pelitos parados: el pelo suave. Sin tijera, el lazo se queda entero. Así, cada pedacito queda como una U: las puntas adelante y la curva atrás. Pero esa U no tiene nudo: todo queda en manos de la tela. Dos: la tela. Y aquí está lo raro: el tapete se hace al revés. Quien tiene la pistola trabaja por detrás, y desde ahí solo ve una tela llena de puntitos. Cada puntito es la curva de una U, y lo que la sostiene es la tela, que se cierra sobre el hilo. Si es débil, la aguja la abre, y en las curvas la rompe. Por eso se estira en un bastidor, un marco con puntillas, bien tensa: floja, cede cuando la aguja empuja y el pelo sale disparejo. Dale un golpecito: debe sonar como un tambor. La base no puede ser cualquiera: pesada y tejida pareja, como la tela monje de algodón, que aguanta el clavado sin abrirse. Y quince centímetros más por lado, para el bastidor. Pero la tela sola no basta. Tres: lo que lleva detrás. Si sueltas el tapete así, los hilos se salen con solo jalarlos. Lo que de verdad los sostiene es pegante para tapetes: un látex que se esparce por detrás, todavía en el bastidor, hasta la raíz de cada hilo. Cuando seca, encima va otra tela, la de respaldo, que protege el pegante del roce del piso. Miles de hilos sin un nudo: los sostiene una tela firme mientras la pistola clava, y al final, el pegante y su respaldo. La tela monje está en Textti.

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