Velcro que ya no pega: tapado o gastado, y cómo limpiarlo

Velcro que ya no pega: muchas veces no está gastado, está tapado de pelusa. Sus ganchitos de plástico agarran la pelusa, el pelo y las hilachas de la ropa, y cada una le quita el puesto a un lazo. Según su fabricante, la cinta aguanta unas diez mil aperturas antes de perder la mitad del agarre. Para saber cuál es el tuyo, límpialo: los ganchos con un cepillo de dientes duro en pasadas cortas, lo que quede metido con la punta de una aguja y el lado suave sin jalar. Si vuelve a agarrar, estaba tapado; si no, toca coser una cinta nueva. Y ciérralo antes de lavar: la secadora no lo derrite, pero abierto lo llena de pelusa. La plancha sí lo daña. El velcro de 25 mm para coser, con sus dos cintas, está en Textti; el enlace está en el perfil.

Lo que se dice en el video

Si el velcro se te abre solo, no corras a cambiarlo. Lo normal es pensar que ya no sirve. Pero míralo de cerca: muchas veces no está gastado, sino tapado, con una capa gris de pelusa y pelos sobre los ganchos. Y tiene sentido: según su fabricante, la cinta aguanta diez mil aperturas antes de perder la mitad del agarre. Cinco al día, más de cinco años. Para saber si el tuyo está tapado o gastado, mira tres cosas: los ganchos, el lado suave y la limpieza, la que decide. Uno: los ganchos. El velcro son dos cintas: una con ganchitos de plástico duro, y otra suave, llena de lacitos. Al cerrarlo, cada gancho se mete en un lazo; al abrirlo, lo suelta, fila por fila, desde la punta. Pero un gancho no distingue un lazo de una pelusa: agarra la hilacha, el pelo, la pelusa de la ropa, y cada una le quita el puesto a un lazo. Cuando a la punta le quedan pocos ganchos libres, se levanta sola. Y mucha de esa pelusa la pone la secadora, si va abierto, peinando toda la ropa. Pero no lo derrite: en alto llega a unos sesenta grados, y la cinta está probada hasta noventa y tres. La plancha, aun en lo más bajo, pasa de cien. Tapados, los ganchos tienen un fieltro gris encima, y debajo siguen enteros. Gastados, se ven acostados, abiertos o partidos. Pero la pista más rara está en el otro lado. Dos: el lado suave. Tapado, tiene los lazos aplastados, pero enteros. Gastado, se deshilacha y se pela hasta verse la base, o queda duro y brillante: lo plancharon. Tres, la que decide: límpialo. Los ganchos, con un cepillo de dientes duro, en pasadas cortas, y lo que quede metido, con la punta de una aguja. El lado suave, solo con el cepillo y sin jalar, para no romper los lazos. Si vuelve a agarrar, estaba tapado. Si no, está gastado, y ahí sí toca coser una cinta nueva. Ciérralo antes de lavar, y muchas veces bastará un cepillo. Si te toca la cinta, en Textti está la de veinticinco milímetros, con sus dos caras. Guárdalo para cuando se te abra.

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